Altagracia Alvino, la abuela dominicana que cocina para las Grandes Ligas.

TORONTO — La Jefa es llamada por muchos que  han conocido su sazón durante casi 20 años que lleva cocinando para las Grandes Ligas

Se trata de Altagracia Alvino, la abuela de Vladimir Guerrero Jr.,quien  ha vivido y cocinado para su descendencia de beisbolistas, así como para sus compañeros de equipo y contrincantes, según reveló hoy reportaje James Wagner en The New York Times.

En el trabajo se explica que Alvino tal vez sea la abuela más popular y poderosa del béisbol. Durante unas dos décadas, les ha llenado la panza a cientos de jugadores, la mayoría de los cuales han sido latinoamericanos que viven lejos de sus países. Su comida casera se ha convertido en una tradición que ha adquirido una popularidad especial entre los jugadores del país natal de la familia: la República Dominicana.

Indica que algunos jugadores le dicen “abuela”, aunque la mayoría nunca la ha conocido. Estuvo ahí en cada una de las etapas de la carrera de su hijo Vladimir Guerrero, quien fue consagrado en el Salón de la Fama el año pasado, y ahora monitorea al hijo de Vladimir, su nieto.

“Lo hago por amor”, comentó Alvino hace poco, mientras bebía café en la mesa del comedor y cocinaba.

Agrega que Alvino aprendió a cocinar en grandes cantidades en el puesto de comida de su madre en Don Gregorio, un pequeño pueblo de la República Dominicana. Después de algunos problemas económicos de la familia,  se encargó de las labores de cocina del puesto a los diez años de edad.

Destaca que sin contar a Estados Unidos, ningún otro país ha dado más jugadores a las Grandes Ligas que la República Dominicana, y pocas familias han dado más que los Guerrero. Los cuatro hijos de Alvino —Vladimir, Wilton, Eleazar y Julio César— se convirtieron en beisbolistas profesionales, así como varios de los retoños de ellos. Vladimir Jr., un novato, es el único de los nietos que juega actualmente en las Mayores.

“Aunque terminó viviendo con Vladimir durante la mayor parte de sus dieciséis años de carrera, Alvino vivió primero con su hijo Wilton, el hermano mayor de Vladimir, quien llegó a las Grandes Ligas para jugar con los Dodgers de Los Ángeles, semanas antes de que Vladimir se uniera a los Expos de Montreal en septiembre de 1996.

Wilton le dijo a su madre que sus compañeros dominicanos y venezolanos añoraban las comidas caseras, así que le cocinó un poco para que llevara al estadio. Se sintió aliviada cuando hicieron el cambio de Wilton a los Expos en 1998, pues eso le permitió cocinar para sus dos hijos. Cuando Wilton se fue de Montreal en 2000, le dijo a su madre que se quedara con Vladimir, quien se estaba convirtiendo en un invitado recurrente del Juego de las Estrellas, pero era menos extrovertido y menos talentoso en la cocina que su hermano”, menciona.

Además, el New York Times asegura que hasta la fecha, Alvino rechaza que le paguen por su esfuerzo, incluso para cubrir el costo de los insumos. Vladimir Jr., quien les pidió a sus abuelos que vivieran con él en Toronto, se enorgullece de formar parte de la tradición de compartir la comida.

Opiniones sobre su comida.

“Es increíble”, comentó Cavan Biggio, segunda base de los Azulejos, quien tiene 24 años y es originario de Texas.

“La mejor”, agregó el tercera base de los Medias Rojas de Boston, Rafael Devers, un dominicano de 22 años, quien comparó la comida de Alvino con la de su madre y su abuela.

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